En algún momento de nuestra niñez alguien muy solemne, y tal vez pomposamente, nos enseñó “La Regla de Oro”. Desde muy temprana edad hemos oído repetir una y otra vez las sabias palabras de Jesús: “Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mateo 7:12, RVR60). Sin embargo, la historia pasada y los eventos presentes revelan otra “Regla de Oro”. Dicha regla enseña que “el que tiene el oro pone las reglas”.

Piense por un momento en su familia, la sociedad en la cual usted vive, las instituciones religiosas, financieras, políticas, etc. ¿Nota usted como todas son directa o indirectamente dirigidas por quien “tiene el oro”?

Sin embargo, la Biblia nos enseña que “en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay” (Éxodo 20:11, RVR60). Por tal razón, “mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos” (Hageo 2:8, RVR60). Mas aún, “que conozcan los vivientes que el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres” (Daniel 4:17, RVR60). ¿Y entonces?

Bueno, “el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere” (1 Corintios 12:11, RVR60) ha repartido “a cada uno conforme a su capacidad” (Mateo 25:15, RVR60). No porque alguno sea mejor que otro, sino porque El es Soberano y hace con lo suyo como bien le parezca. El mismo pregunta, “no me es lícito hacer lo que quiero con lo mío?” (Mateo 20:15, RVR60).

Todo nuestro haber, ya sea financiero, intelectual o espiritual, es el resultado de la gracia de Dios para con nosotros. Antes de crear a Adán y Eva Dios preparó un mundo perfecto para que ellos lo disfrutaran. Después de introducirlos al Edén Dios les dijo: “llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Génesis 1:28, RVR60). Adán no se ganó el Edén! Dios se lo dio porque Dios es Soberano, dueño de todo, y “grande en misericordia y verdad” (Éxodo 34:6, RVR60).

De igual manera, todo lo que tenemos es simplemente un voto de confianza que Dios nos da. Los talentos y los tesoros que Él nos presta durante nuestro turno aquí en la Tierra, son para que le amemos con todo nuestro ser y a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mateo 22:37;39, RVR60). Muy pronto Él “traerá toda obra a juicio…sea buena o sea mala” (Eclesiastés 12:14, RVR60) y solo quienes hicieron buen uso de lo que Dios les confió oirán las palabras: “bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:21, RVR60).

Por favor recuerde: Dios es el dueño del oro, y por tal razón Él es quien pone las reglas.

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