Solo Dios le da verdadero valor a una mujer. Esto no significa que las mujeres entran a este mundo como una barata colección de huesos y tejidos. Al contrario, las mujeres son cofres de gemas esperando ser descubiertas.

Las mujeres son preciosas, pero al igual que los diamantes ellas entran a este mundo en un estado áspero y amorfo. En el mundo de los diamantes y las piedras preciosas, lo que definitivamente determina el valor de una gema es su corte y que tan bien esta permite que la luz brille a través de ella. Así que, el valor de una gema es en ultima instancia el resultado de la destreza exhibida por el joyero.

Las mujeres son joyas preciosas quienes, al igual que diamantes y rubíes, necesitan ser trabajadas por un experto artesano capaz de llevarlas al zenit de su potencial belleza. Desafortunadamente, la gran mayoría de damas son trabajadas y moldeadas por los dos joyeros mas prominentes de nuestro planeta: riqueza y estatus. Claro, no hay nada de malo en tener riquezas o estatus. Pero, una mujer no puede basar su valor en la cantidad de sus posesiones o lo encumbrada que sea su posición social. El largo del pelo, la estatura, el coeficiente intelectual o el tamaño del sostén no tienen nada que ver con el verdadero valor de una mujer.

De hecho, una mujer que permite ser diseñada y moldeada por Dios es la mas hermosa, admirable, interesante, y congelante obra maestra que ose desfilar en el escenario de la vida. Las riquezas y el estatus siempre han sido fugaces y circunstanciales. Sin embargo, una mujer de Dios siempre será alabada; no importa la época o la circunstancia.

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